domingo, 27 de marzo de 2011

de años y mochilas


Pienso a veces que andamos con una mochila a cuestas. Si lleva cosas dentro es porque hemos vivido. Tantos años juntos, ¿cómo no iba a pesar?. Son muchos, muchísimos, si cuento desde aquella Navidad. Luego nuestro largo noviazgo a la antigua; estudiando nuestras cosas y viéndonos poco. A él le ponían la cerveza y a mi la tónica, las girábamos y las hacíamos durar; qué ganas teníamos de tener una casa en donde poder sentarnos sin tomar nada. Por entonces llevaba bolso, lo de la mochila fue después.

Había leído lo del amor romántico, me daba rabia pensar que  tuviera que hacer un ejercicio de voluntad. Luego resultó que tampoco era eso, que lo que más iba a valer era el peso de la mochila y las fuerzas para aguantar. Cuando se acaban paramos y descansamos; procuramos hacer turnos, aunque no siempre puede ser. Entonces la carga reposa en el otro que tira solo un rato. Luego viene el relevo y seguimos. De vez en cuando  el camino es llano, dejamos la mochila en el suelo y nos tumbamos al sol. Miramos las nubes y recordamos aquella piedra o aquella, las que hacen que nuestra mochila sea tan valiosa. Es precioso porque entonces no vemos piedras sino auténticos leones con los que tuvimos que luchar y vencimos; eso da muchas ganas de seguir. Cómo puede ser que los leones sean lo que nos da más seguridad.

Quien lo lea podrá decir que es una carga, y tendrá razón. Pero estoy muy orgullosa de nuestra mochila, esa es la pura verdad. Cuantos más años pasan más pesa y es un gusto porque envejece bien, se va poniendo blandita por fuera, con ese color del cuero gastado y el tacto de una mano que se ha dejado acariciar.

14 comentarios:

sunsi dijo...

Buffff, lolo. Qué entrada más bonita. Noviazgos a la antigua... alargando un café... hasta que te echan porque no consumes más. Y separaciones haciendo verdaderos equilibrios para vernos unas horas. Y números para decidir que ya, con muy poquito, podemos iniciar una vida juntos. Y si entonces te hubieran explicado todo lo que meterías en la mochila igual nos hubiéramos desmayado... Y estamos vivos, más que nunca. Y gracias a lo que hay en la mochila repartimos el peso. Un asa para cada uno. Colgando el brazo derecho de uno y el izquierdo del otro. Y de cuando en cuando te tomas un receso y abres lo que hay dentro. Recuerdos que han perdido aristas y se han envuelto de ternura. Los miramos y nos miramos. Todo eso... ¡Cuánto! Y queda... mucho todavía. El cuero que huele a gastado es la señal inequívoca de que hemos vivido y podemos seguir viviendo... co-siendo.

Gracias, lolo...

Blimunda dijo...

Esa mochila-mundo hecha de una vida compartida es una excelente imagen, lolo.
Y lo de hacer turnos, o que toda la carga repose en el otro...Y ese tacto final.

(Hoy te he copiado yo)

Cuanta ternura.

lolo dijo...

Sí. Nosotros sin números, nos lanzamos hasta la muerte aunque no sabíamos nada de mochilas, qué va. Lanzarse fue no tener ni un cenicero, pero la mochila no pesaba nada entonces y no necesitabamos nada, nada, nada. Ni una lavadora, ¿te lo puedes creer?. En la mochila también están todas las tardes aquellas, las que se nos han olvidado. También. ¿El cuero huele? Eso era al principio, ahora ya no.

lolo dijo...

Mira Blimunda, a ti te voy a decir la verdad; son más de treinta años juntos. Si no hemos reunido piedras y ternura... mal.
El tacto es exactamente ése; me salen cuero y manos si lo explico. No sé porqué.

Mariapi dijo...

Lolo, me has emocionado.
Un reflejo en tantas coincidencias... también la tónica y la cerveza.
Eso de ir turnándose el peso de la mochila yo le llamo"legs system"...un día lo cuento.
La mochila pesa, mucho, es verdad...pero cada vez más se transforma en eso de "mi yugo es suave y mi carga ligera..." A mi me pesaba más el bolsito.
Gracias, de verdad que me ha hecho bien.

lolo dijo...

Me alegro si coincidimos en lo de la cerveza -guiño- y de que te haya gustado, Mariapi. Pero una cosa: a mí el bolso me encantaba también. Era un peso distinto, como de mariposas, no?

tomae dijo...

...no digo que tenga que ser mi caso, lolo, que de mochilas todos llevamos, pero a menudo pienso ¿porqué le llamamos carga? ¿en realidad pesa?

PD...más de una vez pensé en que suerte no haber sido más peque de lo que soy...(prefiero tatuajes o piercings antes que depilaciones dermoestéticas)

Dolores Ceballos dijo...

Lolo, otra que se une a las felicitaciones por tu emotiva entrada.
Soy más joven que vosotras (ustedes con respeto... jajaja), pero yo tb viví un noviazgo a la antigua, y tus palabras me llegaron al alma.
Cada detalle con el que llenas la mochila hace que tu vida se llene de sentido. Sea bueno o malo su contenido ella sigue dando cabida a nuestros logros, y se amolda a nuestro hacer, a nuestra vida juntos...
Y envejece al mismo tiempo que lo hace nuestro co-ser... y es el reflejo de nuestra historia de dos...
Gracias por recordarme aquellas tardes de conversaciones eternas...

lolo dijo...

Hombre Tomae, no pesa todos los días pero sí pesa y es carga. Lo que no es verdad es que eso sea malo, al revés; he intentado explicar que ese peso le da consistencia y valor. Sin masoquismos, con toda la alegría que se puede pero carga es. Siempre digo "pienso" y "creo" porque las teoróas no me sirven, soy muy subjetiva yo.

lolo dijo...

Ah perdón, a tu referencia a los peircings le dedicaría un post... pero no. Porque lo veo de libro, de libro de una época, sin más. Gracias por comentar, Tomae, guiño.

lolo dijo...

Dolores, yo la mochila la veo casi igual por fuera, la que ha cambiado soy yo. Las conversaciones siguen siendo eternas, lo que variado son los temas... pero está bien. No damos para tanto, por eso otros han llenado nuestro lugar. Gracias por venir, Dolores, me alegro si te gusta hacerlo, y gracias por comentar.

sunsi dijo...

Ni tele, ni aparato de música, ni ni ni... Y es de los mejores recuerdos. Recuerdos sin... con toda la vida por delante.

Sí que huele, lolo. A colonia de bebé ... ahora a after shave;-)))

lolo dijo...

Aissss, los olores Sunsi, eso sería otro post.

LaCasitadelasHadas dijo...

Sé que llega tarde, quizá ya ni lo leas.. pero acabo de aterrizar por tu blog y me he encontrado con este regalo de palabras. Me ha encantado! En nuestra época (tengo poco más de 30 años) es difícil compartir con nadie una visión parecida del matrimonio. Yo quiero para mi esa mochila q crece y crece, como soy consciente de que la tienen (y bien bonita) mis padres, mis abuelos.
La mía, aunque todavía no es tan grande ya se va formando y me gusta lo que va habiendo dentro.
Gracias Lolo!