jueves, 20 de enero de 2011

aviso a navegantes



Por ir rematando el mes corriente he decidido contar una historia real y verdadera que nos ocurrió antaño. Creo que dará tiempo, mientras cuece el puchero cotidiano.

Corrían los años... aquellos, tan marcados por los pantalones de pata de elefante, nuestros aún tacones, las hombreras cayendo hacia el codo... en fin, todos se acuerdan. Salimos a pasear mi hermana M. y yo, supongo que para algún recado porque no éramos gente de pasear para nada, entonces. Veníamos de una ciudad al norte, sobria, formal y lluviosa, de donde trajimos, entre otras cosas, una forma de estar en la calle que en nada se parecía a esta nueva. Bulliciosa, soleada y a orilla del mar éste, el nuestro, bueno, de todos. 

Ese día del que hablo habían llegado a puerto unos cuantos miles de marineros que vagaban por la calle hambrientos de tierra firme y de jovencitas primorosas, como nosotras mismas éramos.  Cuando nos cansamos de oir piropos, no de los que halagan y gustan sino de los otros, le dije a M. muy seria que al próximo que se atreviera a incordiarnos le soltaba un guantazo. Chula que era.

Al poco, un joven con la mano extendida se acercó a nosotras más de lo que en nuestra ciudad al norte nos hubiera gustado, musitando un no sé qué... no sé. Como había prometido a mi hermana que me tomaría la justicia por mi mano le soplé un bofetón considerable que por un tema de azar se quedó colgado en su cara. Y con la cara marcada, una pegatina en el dedo y una hucha de la Cruz Roja,  se quedó petrificado en postura postulante en medio de la calle llena de marineritos blancos.

Desde aquí te pido que me perdones, muchacho. No iba contigo la cosa.








11 comentarios:

Jesús Cotta Lobato dijo...

Nada me gustaría más que saber que ese muchacho ha leído esta entrada y que tu bofetada le supo bien y ahora más que antes.

Mariapi dijo...

Queda claro que lo ordinario está lleno de epopeyas.
me he reído, pero...me he quedado un punto pensativa...no tanto por tu pobre postulante...pobrecico mio...no...
Me he visto "tal cual" tantas veces...en la misma cocina de mi casa, sin ir mas lejos. Un "marinerito" y otro...con sus pesadeces...y llega el pobre "postulante", en forma del hijo más inocente...y se lleva el bufido acumulado...

Gracias, Lolo. Me ha encantado.

lolo dijo...

Ya me gustaría que lo leyera. Le pedí perdón aquel día, pero creo que no lo entendió. Si tuviera respuesta te lo diría, Jesús.

lolo dijo...

Hombre, epopeyas...
Esa forma de verlo tuya, Mariapi, me hace pensar que uno no es tan diferente en la cocina y con unos cuantos años más, es verdad. Pero algo se han templado los impulsos, ¿no?... O no tanto. Aviso a navegantes, por eso.

tomae dijo...

...ahora no sé si se tendrá que ir con cuidado incluso en el juego ese de barquitos; de todas formas la casilla c,once ¿es agua?

lolo dijo...

Es agua, Tomae. El barco sigue anónimo y escondido.

sunsi dijo...

Pobre marinerito. Igual se acercaba para decirte algo liiindo. No hay lugar a dudas de que eres una mujer de palabra, lolo.Lo prometido es deuda. ¡Zaca! Se quedaría a cuadros el chaval...

La versión de Mariapi... Una se siente algo aliviada de saber que en otras casas suceden cosas parecidas;-)))).

Las fotos, increíbles...

Besos, hedbana.

Hoy me he puesto al día de tus cuitas.

Monty dijo...

Con las redes sociales seguro que si te lo propones le encuentras.
¡Siempre hay que contar hasta tres o hasta diez, dicen por ahí! Vendré a visitarte haciendo ruido.. Bonito Lolo, me ha gustado!

lolo dijo...

Sunsi, lo recuerdo entre la vergüenza y la sonrisa. Pero lo hecho, hecho está y estas palabras se las llevará el viento... espero.

Gracias por venir. Entre fiestas, bromas y veras va pasando este mes de enero. ¿Mejor de la resaca? Fue bonito.

lolo dijo...

Ay Monty, contar no se me da muy bien. Pero sí, en este caso más hubiera valido. No te preocupes, no he vuelto a repetirlo... o sí, pero no pienso contarlo. ¿Tú nunca...?

Monty dijo...

¡Si us plau, aquí en tierra firme nUnca, jamás! ... entiendo que son cosas de la Isla, no me cuadra. Aquí se estila el pisotón.