Llevaba unos días entre brumas metida. Parece que de tanto limpiar se habían condensado en el aire montones de partículas de las que no conseguía entender el orden. Y dale con que no y con que no puedo. Sin ver el cómo ni el por dónde.
En eso estaba cuando una tarde cualquiera me aparece mi héroe con un jamón de los buenos. Ahora, en octubre, que no viene a cuento, precioso. Y ha sido empezarlo y oye, como que se me vuelven a venir las ganas.
No es esto una predicación en favor del cerdo, aunque soy partidaria. Es un canto al desorden y a la sorpresa que han venido a calmarme de otras cosas y han conseguido que me ría... y que me diga: sí, esperad, esperad que tengo un jamón en casa y vamos a cortarlo despacito, sin prisa por favor, sin prisa.
No digáis que no, qué cosas nos pasan.