Iba a escribir un post muy triste, muy triste. He mirado por la ventana para darme más pena, más pena y de repente... míralas. Allí estaban dos palomas blancas primavereando de balcón en balcón. Con su afán de cada día, con lo que queda de día el afán.
Si pienso en mis afanes de hoy poco puedo adelantar; el sermón de no-estudio está dado, he cortado las uñas después de merendar, la impresora por fin ha funcionado y tengo merluza para cenar. Después anochecerá poco a poco; la luz, que no se querrá ir. Y llegará mi héroe cansado y yo seguiré aquí. Aunque llueva, aunque truene o aunque el cielo se nuble o me lo parezca a mí.
Son pequeños mis afanes y los agrando mezclándolos con los de mañana, con los del otro, con los de después. Y encima de que me doy cuenta, me doy pena y quiero escribir un post triste, muy triste...
Desde luego, qué imbécil soy.
