Hoy hace un año que abrí el blog.
Tardé en decidirme, en encontrar título, en empezar a jugar. Me da muchas alegrías y también me desvela. Me enseña a mirar despacio. Me enfado conmigo a veces y preparo la frase para cerrar. Hablo más de la cuenta en ocasiones y eso me ayuda a parar. Pese a que no sabía lo que quería hacer de él, se parece bastante a lo que yo soy; un cajón de ideas desordenadas con algún toque de lucidez, de humor, y mucha caradura. Escribo desde que me acuerdo. Me gusta, y ya está. Ahora estáis vosotros y eso cambia las cosas. Por un lado me alienta y me provoca y por otro me hace dudar. Me importa lo que pensáis y me importa lo que os llegue. Este quiere ser un blog libre, pero a veces no me sale. Este año me demuestra varias cosas, una que sí que era capaz, otra que la gente es buena, otra que hay mucho que contar y mucho que callar. Y aunque no quiera hacer filosofía, me reafirma en que las cosas pequeñas pueden contener lo grande, lo bello, lo que no alcanzamos a comprender. Si puedo lo riego con un chorrito de ternura y chocolate. Pero me gusta negro, eso no va a cambiar.